domingo, 14 de junio de 2015

El maestro de los sueños lucidos

Lo que para muchos podría ser un día común y hasta tranquilo, para Joaquín Olaya todos los días eran como el peor de los dolores, siempre dormía 5 horas ni más ni menos, no porque no quisiera dormir más, sino porque no podía, aparentaba más edad de la que tenía fuera de eso, tenía una apariencia medio desaliñada siempre, más delgado que un esqueleto, con unas características ojeras con las que no se sentía muy orgulloso, este hombre infeliz y frustrado parecía tener una especie de carga moral que no le permitía continuar con su propia vida, tenía un trabajo que, aunque era bueno en lo que hacía, no le satisfacía para nada, era un profesor de un colegio, odiaba a todos y a cada uno de sus alumnos aunque siempre lo disimulaba con una falsa sonrisa.
No tenía familia ni amigos, el hombre emanaba un aura que ahuyentaba a las demás personas, vivía solo en un departamento casi en el área rural de la ciudad, lo único que le impedía convertirse en un ermitaño era la comodidad de la ciudad y los beneficios de la tecnología.
Como todos los días se despertaba y se asomaba por la ventana de su apartamento, ese día estaba lloviendo, amaba ese tipo de días grises, pero no podía quedarse a admirar la belleza de aquel día pues ya iba tarde a al trabajo que odiaba, por alguna razón ese día sentía que su suerte iba a cambiar para bien de alguna manera, hace ya mucho no tenía esa sensación.
Una vez listo para retomar su aburrida rutina y antes de salir de su apartamento, pone con cuidado un pequeño libro en su maleta con una cara de amargura que poco a poco va tornando en una sonrisa forzosa de depravado.  
Aquel día, el comienzo de la amargura, era un día bastante aburrido, una de esas semanas de mucho estrés pero de mucha felicidad para los estudiantes de bachillerato, eran los últimos días de educación básica y por lo tanto las últimas pruebas y exámenes del colegio.
 Es aquí donde aparece Martín Heraldo  un joven de 17, con cabello desaliñado, largo, castaño, con una altura algo extraña para su edad pues media 1.80, al verlo causaba algo de risa, tenía ojeras de no dormir a causa de dedicarse  tanto a sus videojuegos online, era tan flaco que parecía que solo pesaba lo de su ropa y sus llaves, esa era la razón por la cual se ganó el apodo del “empillamado” por parte de sus compañeros; era un joven que destacaba en los estudios, excepto en una materia, inglés, para él, era la materia de la tortura en sus años de estudio en el colegio.
Para Martín los exámenes y trabajos finales no eran un problema, el problema era el dichoso idioma anglosajón que no podía comprender ni aunque dedicase todo su esfuerzo solo, lograba pasar el área con una nota mediocre, lo que lo llevo pedirle ayuda al profesor del área, Joaquín Olaya, al acercarse a él, Martin  pudo sentir que le temblaban las manos, no porque fuera tímido, sino porque aquel hombre le aterrorizaba.
-profe, necesito que me ayude, no entiendo nada de esto y no me siento listo para presentar el examen, por favor dígame si hay algo que pueda hacer para pasar.
El profesor lo mira sin cambiar de expresión, para Joaquín, Martín no era más que un ignorante.
-déjeme decirle que hay una posibilidad- dijo el docente- pero es necesario que sea discreto y no le diga nada a ninguno de sus compañeros, este trabajo va  solo para usted.
Acto seguido saca un pequeño libro negro de su bolsillo.
-mire deberá leer este pequeño libro y solo tendrá que decirme de que trata, si ha puesto cuidado a las clases no le representara ningún problema, además que casi todo está escrito en español, pero ojo, le recuerdo no comente nada a sus compañeros, si lo comenta, no lo dejare pasar la materia, esto lo hago porque los otros profesores me hablan muy bien de usted, tiene tiempo hasta la próxima semana.
-muchas gracias profe, de verdad.
Martín estaba muy contento este tipo de trabajos le despreocupaba mucho, solo tendría que pedir ayuda a alguno de sus amigos y pasaría la materia sin ningún esfuerzo.
A la salida del colegio Martín fue con sus amigos a un sitio al que llamaban “el poseteadero” que era un lugar de alquiler de consolas de videojuegos, Marín no era el más sociable de su salón se podría hasta decir que trataba de evitar a muchos de sus compañeros, pero no fue un impedimento para hacer uno que otro amigo en el colegio y construir algunos recuerdos agradables de esta etapa estudiantil, este grupo de muchachos de seis personajes eran conocidos por sus compañeros con el apodo de “ el grupo de los apartados” porque habían formado una especie de sociedad secreta.
Esa tarde la pasaron entre risas y recuerdos, aunque muchos de ellos no superaban los 19 años hablaron como si fueran un grupo de ancianos que llevaba años sin verse, jugando, contado anécdotas y chistes pasaron las horas y hasta las 4:00 pararon y cada uno tomo su propio camino hacia sus hogares, se hubieran quedado más tiempo, pero aún eran menores de edad y estaban sometidos a reglas.
Al llegar a casa Martin recordó lo del trabajo de inglés, tenía mucho tiempo, así que no se preocupó por eso, podría decirse que Martin era realmente una persona inteligente que no se daba cuenta de sus capacidades, como todo estudiante promedio, no le agradaba leer, como todo bachiller promedio, después de cenar, entro a su cuarto y, por alguna razón, se dispuso a ojear el pequeño libro, aunque sabía que en el momento en que lo abriera no iba a comprender nada.
Una vez abierto el libro hubo algo que lo asombro de una forma indescriptible, todo el libro estaba en blanco, página tras página, Martin solo veía hojas en blanco, ni una sola palabra, Martin estaba completamente confundido.
De repente, su estado cambia de una manera radical, comienza a sentirse observado, dentro de él sabe que  algo no está bien, múltiples sentimientos se apoderan del joven, desesperación, miedo, paranoia, tenía que hacer algo respecto a esto, empezaba cada vez a asustarse más, el miedo había afectado sus sentidos, su vista era nublada, de repente se había convertido en miope, oía cosas raras vidrios rompiéndose, el molesto sonido del acopar, solo pensaba en morir, pues sentía que su miedo solo sería calmado entregándose a la muerte, en medio de su dolor sentía que palidecía, como cuando se está enfermo, con una leve migraña en la cabeza y un sensación en el estómago que lo había  hecho sentir muy incómodo. Martin se desmaya en medio de su cuarto, la luz que estaba encendida al comienzo de su tortura ahora parpadea, y aquel lugar parece estar entre la luz y la oscuridad, al final, el bombillo se funde del total, y el cuarto queda sumido en la oscuridad.
Si pensaste que el dolor de Martin seria aliviado por su inexplicable desmallo estas en un error, su sufrimiento apenas empezaba, el cuerpo de Martin estaba en una posición que daba lastima de ver, comenzó a estremecerse por un momento como si de una convulsión se tratara, pero esto duro poco tiempo, pues al final quedó inmóvil en medio de la oscuridad, si bien Martin tenía una familia numerosa, ninguno de los habitantes de la casa se dio cuenta que le joven se encontraba medio muerto el piso de su habitación.
La mente del joven, por un momento entro en un estado de serenidad, Martin sintió como si estuviese soñando, y en efecto, lo estaba, estaba en un sueño que de ahora en adelante lo perseguiría por bastante tiempo.
Dentro de este sueño que se estaría tornando en pesadilla dentro de unos instantes, el pobre joven aparecía caminando por el andén de su mismo barrio en el que vivía, se encontraba en la entrada de su casa, esta era de un color opaco casi indistinguible a sus ojos si hubiese estado en el mundo real,  en este mundo no le tomo mucha importancia, pues Martin no era una persona de sueños lucidos, esto cambiaria después de este suceso.
Luego de entrar a la casa, todo era diferente, en la entrada solo había una escalera que se dirigía hacia abajo, no era una escalera común, esta era una escalera ancha, que dirigía hacia un lugar oscuro aparentemente iluminado por velas, todo era muy extraño, su casa parecía una enorme catatumba antigua, pero recordemos que Martin NO era una persona de sueños lucidos, este tipo de personas son esclavas de su mente cuando sueñan, y al no tener voluntad dentro de su propiamente se convierte en un observador.
Dentro del sueño Martin había llegado al final de la escalera, se encontraba ante un portal muy antiguo hecho con ladrillos, todo estaba siendo iluminado por antorchas, todo esto era como una gran túnel, dentro del mundo real, Martin llevaba una camisa blanca con un pantalón de color azul, que era como siempre vestía, en el mundo del sueño Martin vestía  un traje elegante de chaleco y corbata, era un tipo de traje que  siempre había detestado llevar debido a que no se sentía muy cómodo con él.
Martin caminaba por el enorme túnel, a una velocidad lentísima, caminaba como si estuviese reflexionando sobre alguna cosa, con la cabeza en alto como si quisiera fijarse por donde iba.
Camina hasta llegar a una gran puerta de madera semejante a esas puertas de castillo sacado de una película antigua, esta se abre ante él, hay una gran fiesta en un salón muy elegante bastante parecido al de un palacio, todo en ese lugar parecía muy fino y hecho solo de lo mejor, todas las personas están vestidas de una forma muy elegante, la gente bailaba con la música que tocaba una singular orquesta con máscaras de animales, Martín camina por el salón como si no le importara chocar con los que bailaban, no llevaba ni medio camino recorrido cuando todas las personas se desvanecieron como vapor,  solo quedo una enorme nube que solo en segundos se desapareció, solo había quedado la extraña  orquesta que había dejado de tocar sus instrumentos, el salón, que anteriormente parecía tan elegante, había quedado a oscuras, solo iluminado por la luz de la noche.
El hermosísimo palacio había sido reducido a un lugar tenebroso, con vidrios rotos, paredes agrietadas, y un enorme desorden, Martín sigue sin reaccionar, como si todo esto le pareciese de lo más lógico.
De repente y sin que se entere de su presencia una especie de espectro usando lo que parecía una especie de armadura de huesos espectrales con una altura descomunal armado con un hacha gigante, junto a este se encontraba una jauría de lobos y lo que más le impacto, se vio a el mismo, en otras palabras, otra versión de él, medio muerto sostenido por aquel extraño ser, pudo ver cómo era degollado, despedazado y dado a comer a los lobos.
Martin pudo sentir todo el dolor producido hacia su doble, este sufrimiento se le hizo eterno.
Martin despierta, solo ha pasado un par de horas desde su desmallo, sigue estando muy asustado, pensando en todo lo que había visto en tampoco tiempo, comenzó a llorar por el temor, sentirse tan impotente le producía una desesperación exorbitante, con rapidez, enciende la luz de su cuarto, su cuerpo estaba  débil, sudaba frio y tenía el rostro pálido, las manos le temblaban mientras, corría hacia su cama, solo tenía que dar unos pasos, estos se le hicieron eternos, al llegar a su cama, tomo lo más rápido que pudo la cobija debajo de su almohada y se envolvió en ella.
Seguía temblando, estaba cerrando sus ojos con fuerza tratando de olvidar todo lo que había visto y luego pudo presenciar el terror, el espectro estaba en su cuarto, el muchacho se quedó sin aliento, no tenía fuerzas  para gritar.
El espectro se quita su extraño casco en forma de cráneo, Martín apenas podía comprender lo que pasaba, el espectro no era otro sino el mismo Joaquín Olaya quien tenía una sonrisa aterrorizante y macabra digna de cualquier maniático.
-el juego aún no ha terminado míster Heraldo- acto seguido lanza su hacha directo a la cabeza del muchacho, que sintió la muerte justo antes de que el hacha tocase un pelo de su cabeza.
Martin despierta en un lugar oscuro, se da cuenta que está en una pequeña celda, iluminada por un par de antorchas, se levanta con esfuerzo y puede ver que delante de esta esta su despreciable profesor.

-viejo hijueputa, usted me hizo esto, ¿qué es lo que busca de mí?
- jovencito imbécil, no eres solo más que escoria ignorante igual que todos tus compañeros, pero tengo que darte las gracias, pues es por usted que he podido librarme de la maldición que me atormentaba hace ya bastantes años, debo admitir que te tengo un poco de envidia, el libro fue más dócil contigo que conmigo.
-¿cómo así maldición? Déjese de estupideces viejo puto
Joaquín agarra a Martín por el pelo y lo golpea con los barrotes de la celda.
-le aconsejo que no se gaste la cabeza pensando en detalles, además de que es usted muy idiota para comprender lo que ahora le está pasando, considero de que sea mejor que lo descubra por usted mismo, si es que puede.
Dicho esto el suelo de la habitación se desvanece y Martín cae por el agujero sin más explicación.
Era un día común como todos, para Joaquín Olaya era un día especial, hace un año  se liberó de una maldición que hace mucho lo venía azotando, claro que ahora un joven ha quedado en coma dependiente de una cama de hospital, pero ¿quién no ha tenido que lastimar a alguien alguna vez para obtener un beneficio egoísta.
Seguramente Martín estaba perdido en algún sueño terrorífico enfrentando miedos que ni el mismo sabía que tenía, acumulado rencor contra la persona que le hizo todo esto, Joaquín sabe que algún día  Martín vendría a buscarlo para desquitarle, pero esto no le importaba mucho, después de todo, ¿que podría hacer un alumno tan mediocre como el contra un maestro de los sueños lucidos como el?



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